China: entre la reforma financiera o la reactivación de la economía
Por LINGLING WEI, BOB DAVIS y MARK MAGNIER
BEIJING—El continuo intento de China por reformar su sistema financiero se está topando con una necesidad más apremiante: estimular el crecimiento.
La segunda economía del mundo ha exhibido un desempeño peor al previsto. Las medidas de estímulo del gobierno han sido demasiado efímeras para contrarrestar la caída del mercado inmobiliario y la disminución de la producción fabril. El gobierno informó durante el fin de semana que la producción industrial descendió 6,9% en agosto frente al mismo mes del año pasado, el crecimiento más anémico desde la crisis global de 2008.
El gobierno ha intentado no repetir los gigantescos programas de estímulo que fomentan el crecimiento a corto plazo a expensas de las reformas a largo plazo. Los bancos, las empresas y los gobiernos locales aún tienen grandes cantidades de deuda, producto de los grandes créditos que recibieron para salir de la crisis de 2008.
Un ejemplo de esta estrategia se vio hoy mismo cuando el banco central de China anunció que inyectará US$81.000 millones a los cinco mayores bancos estatales del país en un intento de contrarrestar la desaceleración.
Las autoridades intentaron inyectar un estímulo moderado a la economía este año al otorgar préstamos a proyectos públicos de viviendas y al sector ferroviario. No obstante, por vez primera desde 1998, China corre el riesgo de no cumplir su meta anual de crecimiento, fijada en 7,5%. El gobierno debe decidir si pondrá en marcha medidas más enérgicas, como un recorte de impuestos, o aceptará un crecimiento más moderado de la economía y menos puestos nuevos de trabajo, dicen los economistas.
"Hay un piso mínimo que no tolerarán", advierte Julian Evans-Pritchard, economista de Capital Economics. "Pero aún no se ha alcanzado".
La reciente desaceleración ilustra la facilidad con que la reforma financiera puede pasar a segundo plano ante las demandas de los líderes políticos que tratan de cumplir las metas de crecimiento del Producto Interno Bruto.
El banco central ha defendido desde hace largo tiempo las reformas que intentan incentivar una mayor competencia entre los bancos estatales y dejar más dinero en los bolsillos de los consumidores, dos objetivos de largo plazo que han sido acogidos por los máximos líderes del país.
El Banco Popular de China diseñó un plan para ofrecer a los bancos créditos con descuento y la libertad de decidir cómo prestar el dinero. La idea es estimular la concesión de crédito a las empresas, en lugar de que la banca dependa de proyectos estatales de bajo riesgo. El programa también le daría a los bancos respaldo financiero cuando el gobierno elimine en los próximos dos años el máximo que pueden cobrar por los depósitos, otro objetivo de las reformas.
No obstante, el primer crédito del programa siguió un camino conocido, según descubrió The Wall Street Journal: el envío de un préstamo de 1 billón (millón de millones) de yuanes, unos US$162.000 millones, al Banco de Desarrollo de China. La entidad que tiene poderosas conexiones políticas le había solicitado al gobierno que redujera sus costos de financiamiento, dicen funcionarios chinos y economistas con conocimiento del asunto. El Consejo de Estado de China, el principal organismo de toma de decisiones, instruyó al banco central a realizar el préstamo a una tasa de interés de 4,5%, muy por debajo de las tasas actuales, para estimular la economía, dijeron los funcionarios.
Al contrario de lo que ocurre con la Reserva Federal de EE.UU. y otros bancos centrales de todo el mundo, el banco central chino, conocido informalmente como yang ma o "Mamá Grande", no es independiente y durante décadas le ha indicado a los bancos que hagan préstamos por razones más políticas que de negocios.
Funcionarios de prensa del banco central y del Banco de Desarrollo de China no respondieron las solicitudes en busca de comentario.
Ahora que el crecimiento económico se ha estancado, el gobierno ha dejado en claro que la prioridad del banco central es estimular la economía, aunque se corra el riesgo de retrasar o revertir la reforma financiera.
"El Banco Popular de China está haciendo un esfuerzo heroico pero esquizofrénico con tal de mantener los bríos de la reforma financiera y, al mismo tiempo, aliviar la presión política para respaldar el crecimiento mediante intervenciones focalizadas", observa Eswar Prasad, economista de la Universidad de Cornell y uno de los expertos en China del Fondo Monetario Internacional.
El nuevo programa de préstamos—denominado Créditos Suplementarios Comprometidos—permite que los bancos participen en una subasta del banco central por préstamos a un año o más. Las tasas de interés para estos créditos servirán, más adelante, como una tasa de referencia de mediano plazo, explicó Zhang Xiaohui, directora del departamento de política monetaria del banco central, en comentarios realizados en mayo ante un grupo de economistas.
El Banco Popular de China no ha confirmado públicamente el nuevo programa crediticio, pero funcionarios del gobierno y ejecutivos de la banca describieron su funcionamiento a The Wall Street Journal. El banco central espera que al mantener el programa en sigilo, lo pueda reformular cuando ceda la presión del gobierno y transformarlo en un instrumento de liberalización financiera, aseveran fuentes cercanas.
El nuevo programa de préstamos se ajusta al objetivo del banco central de eliminar los límites sobre las tasas de depósitos bancarios. Zhou Xiaochuan, el presidente del Banco Popular de China, ha prometido liberalizar las tasas de depósitos para el tercer trimestre de 2016, lo que es considerado una reforma crucial. La medida obligaría a los bancos a competir para captar clientes ofreciendo las mejores condiciones de financiamiento.
En la actualidad, las tasas de depósitos no pueden exceder un 3,3%.
Los bancos chinos que se oponen a las reformas dicen que podrían reducir sus márgenes de ganancia, señalan funcionarios chinos y occidentales. "Quienes se benefician de las distorsiones [económicas] se oponen al cambio," sentenció Nicholas Lardy, experto en China del centro de estudios estadounidense Instituto Peterson de Economía Internacional.
Zhang, la directora del departamento de política monetaria del banco central, reconoce que hay mucho en juego. "La capacidad del banco central para influir sobre las tasas de mercado… podría ser el factor crucial que marque el éxito o el fracaso de la liberalización de las tasas de interés", indicó en la reunión con economistas, según una transcripción de sus comentarios a la que tuvo acceso The Wall Street Journal.
En las últimas semanas, el horizonte económico del país se ha llenado de nubarrones. El mercado inmobiliario se ha seguido contrayendo y las cifras de agosto sugieren que el efecto se empieza a propagar. Los economistas calculan que cerca de una cuarta parte de la economía está ligada a los bienes raíces, desde los fabricantes de materiales de construcción a electrodomésticos. Las condiciones se deterioraron en agosto en industrias tales como la siderurgia, el vidrio, el cemento, la mueblería y las máquinas lavadoras, según la oficina de estadísticas.
Las malas noticias pondrán a prueba la promesa del gobierno de no abrir de par en par las compuertas del estímulo. "Creemos que la prioridad actual de las autoridades es prevenir que lo que ocurre en el mercado inmobiliario se transforme en una crisis de toda la economía," dice Shen Jianguang, economista de Mizuho. "Estamos llegando al momento de la verdad."
En un patio sucio y abarrotado de objetos en la zona sur de Beijing, el empresario de 40 años Sun Suqiong cuenta que su empresa de venta de puertas, ventanas, barandas y tuberías nunca había estado tan mal en los últimos diez años. Sentado en su taller con cuatro empleados que dormían la siesta y sin clientes pronunció las palabras que identifican a los inversionistas de todo el mundo: "no estoy seguro acerca del futuro".
—Liyan Qi, Richard Silk y Daniel Inman contribuyeron a este artículo.
Fuente: La Nacion - The wall street journal
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